Los “Dreamers” y la Responsabilidad de las
Autoridades Mexicanas
Jesús Martínez Saldaña* y Ed Kissam**
El 15 de agosto se inició el proceso
de recepción de solicitudes del programa Acción Diferida para los Llegados en
la Infancia (DACA por sus siglas en inglés).
DACA es la acción administrativa que
ha tomado la administración de Barack Obama para frenar las deportaciones de
jóvenes indocumentados que llegaron a suelo estadounidense siendo menores de
edad y que tenían menos de 31 años de edad el 15 de junio de 2012, fecha en que
el presidente puso en marcha esta decisión. Los jóvenes son popularmente
conocidos como “Dreamers” en referencia, tanto a iniciativas reformistas
llamadas DREAM Act, que se han presentado a nivel federal y en legislaturas
estatales para regularizar el estatus de este grupo social, como al mítico
sueño americano que sigue atrayendo inmigrantes de México y otros países.
De acuerdo al Servicio de Ciudadanía
e Inmigración (USCIS) bajo esta medida, que tendría una vigencia de dos años y que
se podría renovar, jóvenes indocumentados no serian deportados de Estados
Unidos y tendrían derecho a solicitar una autorización de empleo y otros documentos,
como la licencia de conducir (en aquellos estados, como California, que estén
dispuestos a permitirlo). No se trata de amnistía ni tampoco de la reforma
migratoria sobre la que tanto se ha insistido a lo largo de los años, pero es
una decisión, un “peor es nada”, que rompe con años de frustrante parálisis
legislativa sobre el tema.
El asunto no es de menor importancia
para Estados Unidos ni para México. Instituciones de prestigio como el
Migration Policy Institute (MPI) y el Pew Hispanic Research Center han
difundido estudios donde se calcula que hay aproximadamente 1.76 millones de
jóvenes que se beneficiarían del programa. De esta cantidad, según el MPI, la
inmensa mayoría, el 74% (1.3 millones) son mexicanos o centroamericanos. El
Immigration Policy Center, por su parte, afirma que los mexicanos constituyen
el 68% de los Dreamers.
El gran desafío ahora es el de
informar adecuadamente a los potenciales beneficiarios de los requisitos y
proceso de solicitud y, si ellos desean proceder con una solicitud, apoyarles
para que puedan cumplir con los requerimientos. Y es precisamente en el
cumplimiento de los requisitos donde percibimos una serie de obstáculos que
pueden impedir que califiquen todos los que son potencialmente elegibles.
Y, desde nuestro punto de vista, las
autoridades mexicanas, tanto a nivel federal como estatal, necesariamente están
implicadas en este proceso. Depende en gran parte de estas mismas autoridades
si resultan ser parte de la solución al dilema de los Dreamers o, en cambio, si
se convierten en otro más de los problemas que impedirán su elegibilidad.
¿Por qué argumentamos esto?
En primer lugar, hay que destacar
que la solicitud de DACA establece que cada solicitante debe entregar una serie
de documentos para comprobar la residencia en Estados Unidos antes de cumplir
los 16 años, verificar su identidad personal y nacionalidad, y documentar el estar
matriculado en una escuela o haber terminado satisfactoriamente estudios
preparatorios (high school) o un programa equivalente (GED por sus siglas en
inglés).
Entre los documentos para
comprobación de identidad, se acepta copia de cualquiera de los siguientes:
pasaporte, acta de nacimiento acompañada de identificación con fotografía, otra
identidad oficial del país de origen con foto y huella digital (por ejemplo, la
matricula consular), algún documento oficial estadounidense (migratorio,
licencia de conducir, etc.), identificación militar, identificación de alguna
institución educativa, o algún otro documento igualmente de relevante.
No hay manera de saber cuantos
Dreamers de origen mexicano carecen de un documento de identidad para completar
su solicitud. Sin embargo, es razonable esperar que se aumente la demanda por
estos documentos en los consulados mexicanos que se encuentran en territorio
estadounidense, tal y como ya está ocurriendo. Por ejemplo, la cónsul mexicana
en Fresno, California, Reyna Torres, ha declarado a la prensa que la demanda
por citas para tramitar la expedición de documentos en el consulado que ella
encabeza aumentó en un 50% desde que el presidente Obama anuncio el programa
DACA el pasado mes de junio. Se da el ejemplo de que el 15 de agosto, día en el
que se puso en marcha DACA, el número de citas aumentó de 200 a 500. Se indica
que ya ha solicitado ayuda a las autoridades en México para poder atender el
incremento en el volumen de citas solicitadas por la población local.
¿Cómo responderá el gobierno federal
ante estos desafíos que enfrentan o enfrentaran los consulados?
¿Tendrán los consulados mexicanos la
capacidad de respuesta para atender esta posible avalancha de solicitudes?
¿Qué planes tiene el equipo del
presidente electo, Enrique Peña Nieto, para ayudar a los Dreamers? ¿Serán
prioridad para su gobierno o los dejara a su suerte?
¿Y los gobiernos estatales tienen la
capacidad de atender a los migrantes que les soliciten directamente actas de
nacimiento o algún otro documento oficial? ¿Se fortalecerán las oficinas
estatales de atención al migrante y se agilizaran los tramites para la
expedición de actas por parte de los registros civiles, o se convertirán en
cuellos de botella que perjudiquen a los Dreamers?
En segundo lugar, es necesario
recordar que el DACA está estrechamente vinculado a la matriculación escolar.
Cada candidato, según USCIS, debe demostrar que asiste a la escuela, que se ha
graduado de high school, o ha obtenido un Certificado de Educacion General
(GED), o ha servido honorablemente en las fuerzas armadas. Lamentablemente, hay
importantes sectores de la población potencialmente elegible que no tienen
acceso fácil a una oportunidad escolar. Lo más preocupante es el caso de Dreamers
que son trabajadores agrícolas o que radican en zonas rurales de Estados
Unidos.
Fuentes como el MPI calculan que hay aproximadamente 320,000 personas que
cumplen con los requisitos de edad y residencia que establece DACA, pero que en
la actualidad no están matriculados en ninguna escuela ni han conseguido el
diploma de high school o certificado de GED. Algunos son todavía menores de
edad, mientras que otros son jóvenes adultos. Muchos son trabajadores agrícolas
o radican en zonas rurales pero tienen empleos de bajos ingresos, laborando en
lugares como plantas procesadoras de carne, o industrias como la construcción o
el sector de servicios.
De manera más especifica, calculamos
que a nivel nacional hay aproximadamente 85,000 trabajadores en zonas rurales y
que la mayoria son trabajadores agrícolas que califican para DACA pero que no
cumplen con el requisito escolar. Muchos radican en tres estados del Pacifico
(California, Oregon y Washington), y 20,000 de ellos en California. Otros
estados con altos números de trabajadores agrícolas son Florida, Carolina del
Norte, Georgia, Nueva York y Nueva Jersey, Pennsylvania, Tennessee y Kentucky.
En las zonas rurales, trabajadores
agrícolas y otros residentes encuentran menos instituciones capaces de ofrecer
los programas educativos para jóvenes y adultos que exige DACA. Debido a su
estatus de indocumentados, los Dreamers adultos no califican para programas
educativos y vocacionales financiados por el gobierno federal, aunque los
menores de edad si tienen acceso al programa de Educación Migrante, entre
otros. Por si fuera poco, aun en el presente entorno las fundaciones privadas
que se han interesado en apoyar proyectos pro-inmigrantes ofrecidos por
agencias comunitarias, instituciones públicas o privadas, tienden a canalizar
sus recursos a zonas urbanas, dejando a los Dreamers rurales igual de
desamparados que antes.
En este renglón los consulados
también pueden jugar un papel decisivo, buscando las opciones existentes en las
zonas geográficas que les corresponden y haciendo llegar la información de
manera veraz y expedita a los interesados, pero si están opciones son
insuficientes habrá que generar otras para permitir que cada Dreamer elegible
pueda cumplir con el requisito escolar.
El gobierno mexicano tiene la capacidad,
y nosotros aseguramos que también la responsabilidad moral y constitucional, de
velar por los intereses de los ciudadanos en el extranjero y contribuir a
llenar ese vacío que perjudica a los Dreamers. Por ejemplo: por medio de la SRE
y con la colaboración activa de la Secretaria de Educación, el gobierno federal
puede fortalecer vínculos de colaboración con instituciones educativas con las
que ya tiene relación para apoyarles en el desarrollo de programas educativos
para que un mayor número de Dreamers adultos obtengan su GED; asimismo, se puede crear un fondo para apoyar
a instituciones privadas y agencias comunitarias autorizadas que ofrecen cursos
de ingles vocacional o entrenamiento para empleos; se puede crear un fondo de
becas para permitir a Dreamers de bajos recursos en zonas rurales cubrir los
gastos de transporte y otros obstáculos financieros que les impiden estudiar; y
si el gobierno estadounidense lo autoriza, puede establecer un acuerdo para
ofrecer cursos a distancia, vía internet, para cumplir con los requisitos del
GED. Las experiencias en el desarrollo de intercambios educativos entre México
y Estados Unidos han sido tan amplias y numerosas que seguramente se pueden
encontrar muchas soluciones viables si se le asigna prioridad al asunto.
¿Le asignara el gobierno saliente de
Felipe Calderón Hinojosa la prioridad necesaria al tema de los Dreamers y
estarán a la altura las distintas dependencias que pueden y deben jugar un
papel decisivo (SER, Secretaria de Educación, etc.)?
¿El Congreso de la Unión, que lleva
años descuidando el tema de los mexicanos en Estados Unidos, mejorará su
trabajo legislativo en torno a la emigración con el inicio de labores de la
nueva legislatura? ¿Estarán los nuevos legisladores federales interesados en el
tema y dispuestos a asignar los recursos necesarios para apoyar a los Dreamers
y exigir el adecuado rendimiento de cuentas a las dependencias del Poder
Ejecutivo?
¿Habrá alguien en México que abogue
a favor de los Dreamers ante las autoridades mexicanas?
Estamos ante una oportunidad de
regularizar, aunque sea de manera temporal, el estatus migratorio de muchos
mexicanos en los Estados Unidos que salieron de México siendo menores de edad
(en otra ocasión podemos discutir las causas de la emigración masiva de mexicanos).
En Estados Unidos han padecido múltiples problemas por no contar con documentos
migratorios y, en consecuencia, han visto que sus sueños de superación se han
frustrado hasta ahora. Aunque para Estados Unidos son indocumentados, se trata
de ciudadanos mexicanos y, según la Constitución mexicana, gozan de los mismos
derechos y deberes que el resto de los mexicanos.
Ahora, las actuales autoridades
mexicanas, y las que están por iniciar sus funciones en el Congreso de la Unión
y la Presidencia de la Republica, tienen la posibilidad de contribuir a que
mejore su situación y se normalice su vida, aunque sea de manera temporal.
Veremos si estas autoridades deciden
ser parte de la solución o si con su indiferencia o indolencia se convierten en
parte del problema que impida que los Dreamers elegibles puedan cumplir con los
requisitos de DACA.
*Consultor, analista de políticas
migratorias, ex diputado migrante en la LXX Legislatura del Congreso del Estado
de Michoacán, ex director general del Instituto Michoacano de los Migrantes en
el Extranjero.
**Consultor y especialista en temas
migratorios, fideicomisario del Werner-Kohnstamm Family Fund.
No comments:
Post a Comment